Muchos de los análisis de comportamiento social surgidos durante esta cuarentena, han revelado que sin duda la vida nos ha cambiado a todos; la angustia, incertidumbre, presiones económicas y preocupaciones familiares no escapan al ámbito laboral.
Así lo vemos reflejado en las nuevas relaciones laborales ahora trasladadas
al ámbito online y sus exigencias. Las empresas también han tenido que
adaptarse y esta adaptación como todo cambio imprevisto ha traído alteraciones
en el manejo de las emociones de jefes, directivos, gerentes y personal que
labora en ellas.
La presión económica obliga tanto a dueños como empleados a
buscar formas de seguir operando, pero estas no siempre van de la mano con la
realidad de los empleados que deben lidiar con mantener conectividad constante,
oportuna y eficiente para dar respuesta a las responsabilidades del cargo, en
un país donde el servicio de internet banda ancha es precario, irregular e
inexistente en algunos casos.
A ello se le suma la presión psicológica que imprimen dueños,
jefes o gerentes sobre sus empleados, a quienes le exigen respuestas operativas
muchas veces inmediatas, pasando por alto deficiencias y fallas de conectividad
que escapan de su responsabilidad como empleado. Tenemos entonces empleados que
por miedo a perder el trabajo, recurren a costear sus propios planes de datos
en detrimento de su ya de por sí, mermado ingreso económico.
Y por si esto fuera poco, hemos recibido varios testimonios de adultos
mayores, docentes y mujeres, en muchos casos madres que desde el inicio de la
cuarentena tuvieron que lidiar con la tarea de aprender a ser maestras de sus
hijos o nietos, docentes que fueron maltratadas verbalmente por representantes
que les exigían respuestas académicas inmediatas, a la par de las exigencias
del hogar, todo ello para intentar cumplir cabalmente con sus responsabilidades,
dentro de un entorno laboral que no los preparó para estas nuevas exigencias.
Muchas de estas personas adicionalmente deben vivir las
presiones que genera el no contar siempre con las posibilidades de dar
respuesta inmediata a las exigencias laborales ahora sincrónicas, es más el
tiempo que están sin conectividad a internet que con ella; sin mencionar las
constantes fallas eléctricas que limitan todo tipo de trabajo virtual. Esta
realidad ajena a su disposición, eficiencia y responsabilidad laboral, hace que
en reiteradas oportunidades para poder cumplir con su trabajo tengan que recurrir
a sus ingresos para pagar paquetes de datos de telefonía privada que se agotan
con rapidez por la nueva dinámica laboral, sin que ello sea reconocido ni
compensado económicamente.
De igual forma hemos recibido testimonios de mujeres que han
sido víctimas de los nuevos maltratos laborales ahora virtuales, insultos,
sarcasmos, comentarios hirientes o doble sentido, humillaciones y amenazas, son
al parecer algunas de las variadas formas de exigir cumplimiento de
obligaciones ahora vía Online por parte de patronos, jefes o gerentes, los
canales para ejercer los mismos son grupos de whatsapp, reuniones en ZOOM,
Skype, o correos electrónicos. Algunos ocurren de manera pública ante la nueva
virtualidad, otros a modo privado, vía mensajes de texto, whatsapp o correo. Dichos
maltratos vienen justificados de supuestas exigencias laborales incumplidas o
respondidas de manera extemporáneas.
Me permito citar textualmente uno de los mensajes recibidos por
una de estas mujeres que ha sido víctima de las nuevas formas de violencia
silenciosa online o virtual: “Que sucede
si no tengo computadora, celular, luz, Wi-fi, dispositivo de internet móvil,
plan de datos, saldo, megas, etc. ¿Soy una mala empleada por no poder cumplir;
ante un escenario que dista mucho de ser mi culpa?...”
Y parafraseando sus palabras seguidas de esta afirmación, la
nueva realidad social y mundial que nos ha tocado vivir, exige de todos los
sectores, comprensión y respeto al ser humano.
El gremio de empresarios, patronos y jefes, debe empezar a reconocer
que tener ya de por si una fuerza laboral activa y comprometida en su nómina,
es un activo tan o más importante e invaluable que el mercantil en un país donde
los salarios muchas veces representan para los empleados, un aporte y no una garantía
de sustento.
En tal sentido, exigimos el cese de los abusos de poder que se
esconden ahora tras la virtualidad, esa que ya no tiene que dar la cara, esa
que se atreve con ligereza a amenazar con despidos, presionar o acusar a un empleado de
incumplimiento cuando este no responde con la celeridad que desea.
Considero necesario brindar
a esa fuerza laboral en especial a las
mujeres y adultos mayores un mensaje de reconocimiento y valor, a fin de que
ellas mismas visualicen su poder dentro de la Organización como empleadas o en
el rol que cada quien ocupa, y aprendan a limitar los abusos de poder, exigiendo
ante todo valoración de su compromiso y trabajo.
En agradecimiento a todas esas personas que se atrevieron a
contarme su historia, hoy me convierto en voz de cada uno de ellos para visibilizar
estas nuevas formas de violencia virtual laboral, y exigir para ellos respeto y
consideración como ser humano.
Artículo
de Opinión:
Lic. Karina Oval. Politóloga. Educadora. Asesora en
Programas de Prevención, Certificada por la Oficina Nacional Antidrogas (ONA).
Promotora en Derechos de la Mujer y Niños, Niñas, Adolescentes. @serconsultoria.ve

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