EMPODERAMIENTO INCLUSIVO “Una nueva forma de vernos como seres humanos” desde la psicología social de la liberación.
Un enfoque que
no diferencia entre mujeres y hombres, sino entre seres humanos, creencias,
paradigmas y relaciones sociales. La memoria histórica, social, cultural y económica, tiene un peso importante en la
formación de la personalidad del individuo y por ende, en su devenir social.
Les presento entonces, un enfoque que abre otros aspectos de análisis
político-social para invitarles a reflexionar.
Como profesional
de las ciencias políticas, veo el poder, desde un enfoque holístico y
sistémico, donde la psicología social, tiene un gran peso, en el análisis de
mis posturas sobre el poder.
Cuando hablamos
de empoderamiento, de manera casi automática o inmediata le agregamos el
femenino, y es que el termino empoderamiento femenino fue acuñado de manera
oficial en 1995, en la Conferencia Mundial de las Mujeres en BEIJING (PEKIN),
para referirse a la necesidad de visibilizar y aumentar la participación de las
mujeres principalmente en los procesos de toma de decisiones y acceso al poder,
para que nuestras realidades fueran escuchadas y atendidas en la formulación de
políticas públicas, y desde allí, activistas, defensoras e investigadoras a
nivel mundial hemos estado hablando y estudiando el tema.
Para poder adentrarnos en una perspectiva sistémica orientada a la inclusión, debemos reflexionar el modo en que la política nos sugiere abordar esta representación integradora de los fenómenos que giran alrededor de las actuaciones de los seres humanos.
La visión
científica sobre la cual hemos basado a lo largo de muchos siglos los análisis
políticos y sociales, nos ha presentado como esquema de análisis que para que
una postura tenga valor en la opinión pública, debe ser observable,
descriptible y medible; por tanto “solo existen los hechos observables” desde
esa postura, solo se valida lo que se puede ver.
Desde esta
visión limitada de los hechos, dejamos de lado elementos como la experiencia del
sujeto invisible, ese que también está detrás de los hechos, y que motiva,
induce, conduce, seduce, y condiciona que los hechos se den de una manera
determinada en las manos de un actor o sujeto secundario que actúa como
principal.
Veamos el caso
de las sociedades patriarcales formadas bajo un esquema familiar matriarcal ¿Quién educa, forma, condiciona o moldea los
primeros valores y comportamientos de esas futuras mujeres y hombres en
sociedad? No podemos ocultar esta realidad, y responsabilizarnos como
mujeres y como madres, en la sociedad que hemos formado bajo el seguimiento de
creencias, patrones y estereotipos a lo largo de la historia; por ello, se hace
necesario comenzar a ver de una manera más amplia el empoderamiento.
Un empoderamiento inclusivo, debe considerar un modo de observar la realidad desde una mirada sistémica, integradora e inclusiva, que nos permita comprender aquellos fenómenos observables como procesos complejos que van más allá de nuestra percepción sensorial inmediata, dando paso a un análisis más amplio de compresión y actuación social, para incidir en verdaderos procesos de cambio.
El empoderamiento inclusivo no discrimina
mujeres u hombres, sino personas, cultura, entorno e intereses; entendiendo
entonces que la actuación de ese hombre en sociedad, ha sido producto de los
aprendizajes de un entorno familiar, cultural y social, donde la figura materna
juega un papel determinante en la formación de esa personalidad.
No podemos negar
que el dominio masculino es quizás el más penetrante y tenaz sistema de poder
que ha existido visiblemente en la historia, pero tampoco es menos cierto que
detrás de muchos de estos hombres existió una mujer que formó, moldeo, condujo
o incitó, muchas de sus actuaciones en la sociedad.
Nuestro enfoque
de EMPODERAMIENTO INCLUSIVO,
incorpora a ese hombre que a lo largo de la historia, ante sus inseguridades y
miedos, se ha valido de la fuerza, la intimidación, la discriminación, la
violencia y el ego, para proteger su vulnerabilidad, e intentar imponer un
control y un dominio, sobre aquello que éste hombre inconscientemente percibe o
reconoce como poderoso ante él. Estos comportamientos aprendidos en la familia
o entorno, son la viva expresión de un miedo oculto, que cohabita de manera
perversa con él, y lo hace preso de sus propias emociones, protegiendo su
vulnerabilidad emocional, con acciones y reacciones que lo hacen ver como
fuerte, y poderoso.
Si aprendemos a
ver entonces esa realidad oculta tras la fuerza, las mujeres vamos a poder
lograr no solo aprender a neutralizar ese falso poder, sino también educar y
reeducar a ese nuevo hombre que está ávido de expresión emocional.
Por tanto,
hombres y mujeres necesitan AUTO-EMPODERARSE de manera diferente, el hombre
debe ser formado bajo el reconocimiento
de su libre expresión emocional y derribar la creencia de que su poder radica
en la fuerza y posesión material; y la
mujer debe ser formada para reconocer el valor de sus deseos, pensamientos y
palabra, como expresión de autonomía física y emocional.
Lograr entender
que tanto hombres como mujeres han sido víctimas de un sistema de creencias,
prejuicios, valores y roles mal interpretados, es un paso, hacia el logro de un
empoderamiento inclusivo, donde todos
tenemos un aspecto que empoderar para aprender a relacionarnos como ser seres
humanos libres.
Lic. Karina Oval
Politóloga. Msc. Conflicto y Negociación.
Diplomada en Psicología Corporal y Psicopolítica (actualmente)
Diplomada en Educación Temprana.
Coach ICC- Investigadora.
IG. @mujeresdeterciopelo
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